“”No me sigan a mí, sigan al niño”

maríamontessori

Hola, ¿qué tal?

Ahora, inmersa en un trabajo que tengo que entregar en breve de Psicología del Desarrollo, he recordado el trabajo anterior, y se me ha ocurrido compartir con vosotros  la parte más “informal” del mismo, tal vez a alguien le pueda apetecer leerla.

Darle libertad a los menores, que se sientan libres de ser lo que amen ser, de elegir, de aprender mediante el juego, en definitiva, de que se sientan felices, desde mi punto de vista, viene a ser algo así como nuestra obligación, o quizá quede menos fuerte decir que es su derecho. Como prefieras, los dos términos para mí son válidos.

Creo que es de suma importancia hacer una valoración a otros niveles, de que el sistema pedagógico se nos ha quedado un poco obsoleto..

En fin, os paso este breve fragmento, y ya sabéis, yo encantada de recibir vuestras opiniones, de todas saco algo, y desde ya, os lo agradezco. Ahí va:

 

Educación, Cultura y Desarrollo

 

El modelo educativo que se lleva a cabo hoy en día parece estar anclado en el pasado. Antes la educación era impartida por el/la profesor/a mientras que los/las alumnos/as, sentados en sus mesas y pupitres, atendían a lo que éste decía para luego memorizarlo y plasmarlo en un examen.

Hoy en día parece ser que todo esto no ha cambiado demasiado. Todavía son muchos los profesores que dan la lección para que los alumnos plasmen más tarde sus conocimientos en un papel. La integración de las TIC todavía no se ha implantado por completo en las aulas ni tampoco la idea de que el niño aprenda siguiendo su propio ritmo mediante la experiencia.

Se puede apostar por un nuevo modelo educativo en el que el niño sea el centro de la educación, en el que se destierren los exámenes y la evaluación se realice observando el progreso del niño. Se puede favorecer la creatividad y la motivación provocando que los niños se interesen por aprender. Es posible dejar a los niños que jueguen y se diviertan. Puede ser conveniente dejar de seguir basándonos en los currículos impuestos desde “fuera” y basarnos en proyectos en los que los niños estén  interesados.

Personalmente siento grandísima tristeza cuando escucho que algunos padres les dicen a sus hijos que piensen con la cabeza a la hora de elegir profesión, de elegir estudios, porque lo primero, lo primero de todo, según ellos, es saber qué salidas tienen.

Debido a mi profesión, me encuentro a menudo con personas de entre treinta y cuarenta años que dicen sentirse frustradas, se sienten perdidas y sienten que con esas edades, han invertido parte de su tiempo, que por cierto no va a regresar a modo de regalo, en dedicarse a algo que no sienten que les identifique.

Me dedico al coaching, y lo mío es hacer preguntas, siento a veces que son un poco desafiantes, aunque las realizo desde el respeto y el cariño y con la intención de que se produzca es insight que les haga ver realmente cuál es su pasión:

“¿Qué harías si no tuvieras miedo?”

“¿Qué querías ser de pequeño?, ¿Qué queda de aquel sueño?”

Me gustaría que a los niños, y he de decir que no tan niños, ya que cuando se elige carrera o profesión (porque no olvidemos que hay más mundo además de las Universidades) se les preguntara desde el corazón:

“¿Y tú, qué quieres ser de mayor?

Estos niños y/o adolescentes quizás no sean tan consecuentes como para decidir pensando en qué van a hacer con sus vidas que les dé la seguridad que los mayores tenemos constantemente en nuestro pensamiento. Y esto, para mí, es maravilloso, ya que lo que necesitamos, lo que el mundo necesita, es que haya personas que realmente amen lo que hagan, que se levanten cada día pensando es que es un día más, no un día menos, que sientan pasión, que sientan ilusión y que en definitiva, se sientan felices.

Por supuesto que se puede reflexionar, y mediante un proceso introspectivo, quizás también complejo, averiguar cuál es nuestra verdadera pasión.

Queremos niños felices, queremos personas felices, no personas que hagan lo que otros han decidido que era lo mejor para ellos. Porque los adultos de hoy son los niños del ayer…

He decir que conozco escuelas, o en concreto una, donde a los niños, se les educa de manera diferente desde que son pequeños, conectando consigo mismos y con sus emociones, y lo que es mejor, sin pudor de exteriorizarlo. 

Ahora bien, este colegio, por su coste, no es accesible para todos los padres, entonces, yo me pregunto algo, y es que si sólo las familias con un poder adquisitivo alto pueden  elegir qué tipo de educación van a recibir sus hijos, ¿qué pasa con los que su nivel económico es medio o incluso bajo?

Si se quisiera, y no digo pudiera, cambiar los modelos educativos, tendríamos adultos más felices, que se sentirían mucho más realizados y a los cuales el tiempo, su día a día se les pasara deprisa, y muchos, no consumiendo fármacos que les aporten esa felicidad que podrían tener si no se hubieran visto presionados, o manipulados o empujados a estudiar algo que realmente no les gusta. Porque además, apuesto a que a la mayoría de profesores de hoy en día, les gustaría poder enseñar de otra manera mucho menos teórica y más práctica, no como ahora, donde los niños tienes deberes y deberes que hacer y luego para el examen, lo que antiguamente nos decían, a clavar codos. Desmotivación total, yo creo.

En estos casos, ni se disfruta del camino, ni tampoco cuando se ha llegado al objetivo, y la respuesta es clara, ¿Por qué? Pues sencillo, porque no era lo que tú deseabas, porque no era lo que tú habías elegido, porque fueron otros los que decidieron tomar las riendas de tu vida, otros decidieron por ti.

No seré yo la que critique a quienes diagnostican TDAH (Trastorno Déficit de Atención e Hiperactividad) ni tampoco un alto CI (Cociente Intelectual), sin embargo, sí me gustaría que empatizáramos un poco con los menores, que les “ayudáramos” a elegir con el alma, porque imagino, que todos nuestros anhelos van en una dirección y es que vivamos, todos, más felices, y para que eso ocurra, hemos de empezar por la base, y yo creo que la base está en forjar futuros que se adecuen a lo que cada uno de los menores desea. Hay mucho talento que se nos escapa y muchos menores que se aburren. ¿Por qué no preguntarles qué les gustaría estar aprendiendo?

Lo positivo de todo esto que nos está sucediendo a los más mayores, es que lento, cierto, pero nos estamos dando cuenta de que el sistema educativo tiene que ser modificado con urgencia, no tiene sentido porque el mundo dentro de las organizaciones, también está cambiando.

Creo que los objetivos a la hora de decidir qué queremos ser de mayores, han de ser estos: individuales, culturales y económicos, en este orden, no en el orden contrario.

Personas felices, que amen levantarse cada día para ir a hacer eso que muchos llaman “trabajar”, que puedan desarrollar su talento, aportar y aprender, con niveles de autoestima elevados, creo, que esa es la meta que debemos perseguir.

Muchas gracias por leerme, os mando un fuerte abrazo.

Ana       www.organic.coaching.es

 

 

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