El rap de las cosas que son realmente importantes.

Bien, estoy de semi vacaciones, sin embargo, me desperté “rebelde” y decidí escribir sobre este vídeo que cayó en mis manos hace poco.

A mí, realmente, me produce tristeza, porque creo que en cierto modo, es cierto.

¿Tú te acuerdas de los ríos que te hicieron memorizar? Yo no, y tampoco de las miles de mesetas…en fin.

Creo que es verdad que hay que hacer hincapié en algunas cosas, un poco de cultura general no va mal, sin embargo:

 ¿Se intentaban crear personas con valores, personas felices? ¿Qué hay de eso?

He hecho coaching y trabajado en otras áreas de mi profesión donde me he encontrado con personas que a una edad adulta me han reconocido no saber quiénes son, ni dónde están, ni adónde van, ni que quieren, es decir, lo que viene siendo, que se encuentran perdidos. Lo malo: no son felices con lo que en el momento presente tienen. Lo bueno: según mi opinión, en la mayoría de los casos se puede hacer algo.

Efectivamente, nos obligaban a rezar, y según tengo entendido, la religión, sea cual sea, se basa en el amor, ¿no?

Pues bien, yo recuerdo cómo se reía de mí un profesor porque no sabía dibujar, un día incluso me rompió en mil pedazos un dibujo.

¿Es eso amor?, ¿es eso respeto? 

El amor, el respeto, y el resto de valores, han de ser bidireccionales, de mí hacia ti y de ti hacia mí, aunque sea una persona mayor o mi profesor, sobre todo por ello, yo diría. Es eso de “haz lo que yo digo no lo que yo hago”.

¿Os hablaron de la educación sexual? A mí, no. ¿De las drogas? Tampoco. ¿De la importancia de hacer lo que amamos, los que nos hace felices? No.

Por esto, pasan las cosas que pasan, y para no irme por las ramas, me centraré en la educación. ¿Os habéis fijado cuantas personas adultas comienzan una carrera nueva, o la primera? Quizás tenga algo que ver con lo que estoy diciendo…

Más que una fábrica de idiotas, y no le voy a discutir a Lytos que alguno/a hay, creo que es una fábrica de personas perdidas, y en muchos casos, esto nos impide ser felices. Aunque también conozco a personas que no tienen ni idea de nada, y oye, tan contentos que van por la vida sin saber quiénes son. O eso parece.

Ya existen en España algunas escuelas increíbles (modelos que vienen de otros países, claro) donde se trabaja la inteligencia emocional, los valores, donde enseñan que no pasa nada por mostrarnos tal y como somos, que no se hunde el mundo porque lloremos, y que tenemos derecho a estar tristes, enfadados, sentirnos frustrados, y sobre todo, enseñan cómo se gestionan estas emociones. Buena noticia. La mala, cuestan una pasta, y ojalá todo el mundo pudiera darle a sus hijos le educación que esté más en consonancia con su forma de sentir, de ver la vida, pero esto no siempre es posible.

Demasiados ríos y mesetas, muy poca poesía, música, arte en el sentido más amplio de la palabra. Muchas faltas de ortografía, eso lo sigo viendo.

Inglés en vena, es una vergüenza, y aquí sí lo digo sin que me tiemble el pulso, es una vergüenza que en todos los países que he viajado por Europa (por no irme a EEUU, ;)),, nos den mil patadas. Ellos dicen que hablan “a little bit” y para mí, son bilingües, lo hablan muy, muy bien.

No me hablaron del amor, ni de cómo puedo gestionar una situación de tristeza, tampoco me explicaron que está más que bien tener respeto por TODO el mundo, y en especial por los más vulnerables. En el cole tampoco me contaron cómo podría comunicarme de una manera efectiva. No, cera autoconcepto, cero autoestima, tampoco recuerdo que me hablaran de la humildad, ni de la solidaridad. Del pedir perdón tampoco (solo de poner la otra mejilla…), ni de los beneficios de ser una persona agradecida, con la vida (en general), no me dijeron que es una suerte tener para comer todos los días, y una casa, y vivir en un país que no está viviendo una guerra. Eso, en el cole, no era importante.

¿Cómo se puede explicar que en países subdesarrollados sean más felices que nosotros? Mucho para reflexionar, yo creo.

“Si me necesitas, silba. ¿Sabes silbar?” 😉

Un superabrazote y muchas gracias por vuestro tiempo.

Ana. (www.organiccoaching.es)

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Vivimos en un mundo.

Antes de mi reflexión, os invito a que echéis un vistazo a este enlace que encontré el otro día en Facebook:

Vivimos en un mundo raro, por decir algo.

Donde quien tiene dinero roba, donde quien tiene que callar habla, donde quien tiene que estar agradecido, se suele quejar, y quien podría quejarse, está agradecido con bien poco.

Vivimos en un mundo donde parece que nos hayamos hecho inmunes al dolor, donde somos incapaces de empatizar con los que de verdad sufren, donde casi nunca pensamos que mientras estamos disfrutando, al menos, de estar en casa, hay millones de personas que meten a sus hijos en “flotadores” para encontrar un mundo mejor, un mundo donde al menos, sus vidas, corran menos peligro. Y lo que es mucho peor, cuando están en casa, porque el mundo es de todos, les tratamos como si no estuvieran formados por lo mismo que tú y que yo, un corazón que siente y una cabeza que piensa, entre otras cosas.

Vivimos en un mundo donde importa más el qué que el cómo, el cuánto que el valor en sí mismo, de lo que sea.

Vivimos en un mundo donde pegados a un móvil, nos perdemos el mirar a nuestro alrededor para que ver qué está pasando, con nuestras parejas, amigos, familiares o en general, lo que está pasando, que no es poco.

Vivimos en un mundo donde preferimos comunicarnos por mensajería instantánea antes que mirar a los ojos, antes que escuchar la voz al otro lado del teléfono.

Vivimos en un mundo lleno de ambición, donde tanto tienes, tanto vales. Muchas veces.

Vivimos en un mundo donde no gusta mirar al lado del dolor, porque no vamos a  hacer nada, y quizás, en algún momento, nos sintamos mal por ello, así es que lo más fácil es no mirar y hacer caso omiso.

Al menos, al menos, yo te voy a pedir algunas cosas:

Sé feliz, ama, corre, ríe, sé respetuoso, sé amable, siéntete libre y ofrece la misma libertad que a ti te gusta sentir.

Sé agradecido, llora, siente, emociónate. 

Haz lo que amas, con pasión. Sigue tus sueños.

VIVE, no pases de puntillas por la vida, sólo tienes una. 

Una vez más, muchas gracias por vuestro tiempo y  un abrazote.

Si me necesitas, silba. 😉

Ana (www.organiccoaching.es)

 

 

 

 

Odio las conversaciones cortas.

 

Quiero conversaciones largas, de esas donde se empieza de día y se termina de noche, o donde se comienza cuando atardece, y en el primer rayo de sol que entre por mi ventana,  todavía quede mucho por contar.

Más bien, me gustan esas conversaciones, las que nunca se terminan, las que ruegas que el día no termine para seguir hablando y que te hablen. Adoro también las conversaciones en silencio, donde no se habla  y se dice mucho.

Quiero conversaciones donde se habla de echar de menos, y de más. Donde aparece la nostalgia, el miedo, la infancia, mi primer beso, mi mejor amiga de cuando tenía tres años, mi padre, y mis perros, mis complejos  y los tuyos.

Quiero conversaciones donde parece que lleve coraza, sin embargo, no la llevo, sino que creo que si empiezo, no termino.

Quiero conversaciones profundas, donde se pueda hablar de que me he enamorado, sí, en serio, se llama J.M.M., y el mes que viene cumple 82 años. Quiero conversaciones como las de este señor, sin prisas.

Quiero conversaciones sinceras, a ser posibles, que su punto de partida sea el alma, y que la meta sea el corazón de quien escucha. Quiero llegar y que me lleguen.

Quiero emocionar y que me emocionen. Quiero sentir. Quiero pasar de un tema a otro, y a otro, y que así pasen las horas, los días, las semanas y mi vida.

Quiero conversaciones donde me de repente tenga ganas de subirme encima de la mesa a volverme un poco más loca de lo que estoy y decirle a todo el mundo que soy feliz.

Quiero conversaciones donde se me encoja el corazón y se me salten las lágrimas, sin miedo.

Quiero escuchar, y que me escuchen. Quiero saber tu por qué y sobre todo, tu para qué.

Quiero sentir que cuando me lo cuentas, es como si yo estuviera allí, mirando.

Quiero que hablemos del amor, de la guerra, del hambre, de los niños, de los mayores, de fumar, de correr, de la lluvia, de los tatuajes y de las personas, de cómo sentimos, de cómo amamos, de cómo odiamos, de qué podemos hacer en este mundo de locos.

Quiero reír, aunque después llore, o aunque lo haya hecho antes. Eso siempre, reír.

Quiero gente auténtica, que diga palabrotas, que no tenga filtros.

Quiero gente que me pregunte, y que quiera contestarme. Sin vergüenza y sin miedos. Quiero no contestar si no es el momento, y que te sientas libre de hacer lo mismo, porque lo eres, y porque no soy.

Quiero gente que cuando pregunta que qué tal estás, se tome su tiempo, o más bien el tuyo, el de los dos, para escucharte, con calma.

Quiero hablar de lo que he sufrido, o de lo que estoy sufriendo. Quiero hablar de lo que me acabo de descojonar, y de lo que me descojoné hace dos minutos.

Quiero hablar de mi impaciencia y de qué áreas de mejora tengo. Muchas.

Quiero que tú me cuentes qué te pasa, cómo te pasa, qué quieres, y cómo lo quieres, con quién lo quieres, cómo tienes pensado hacerlo. Quiero que me lo cuentes, cómo te sientes.

Quiero que hablemos de lo divino y de lo humano.

Quiero conversaciones largas, donde se hable del mar, de Dios, de Buda y de quien haga falta.

Quiero que nos tomemos nuestro tiempo, desde el respeto y desde el amor, desde la empatía y desde la escucha más profunda, desde la oportunidad de aprender, desde la humildad, para conocer a personas que se cruzan en nuestras vidas, bastante a menudo, quizás, sin embargo, a veces, no tenemos tiempo…

Me gusta cuando algunas personas me dicen: “¿Ana, y por qué no me llamaste?”

Quiero que me cuentes cosas, y contarte. 

Este post se lo dedico a todas las personas que os tomáis con calma las conversaciones, que escucháis, que me escucháis, que no queréis saber solo:

“¿Y QUÉ MÁS?”.

Sino que queréis saberlo todo.

Si os preguntáis qué tiene que ver esto con el coaching, pues os lo diré: mucho. Conversaciones desde al amor, desde el querer saber, desde el saber escuchar, mirar, estar atento, ser humilde, reír, parar, seguir, preguntar, interesarse, ser humilde, respetar, callar. Tiene mucho, mucho que ver. Al menos para mí.

Si os preguntáis qué tiene que ver esto con liderazgo, o con headhuntig, pues igual, mucho, muchísmo. Hablamos con personas, detrás de cada una hay una historia, yo elijo tomarme mi tiempo, en mi trabajo y en mi vida personal.

Si vamos a contratar a alguien, más cuenta nos trae esforzarnos por saber cómo es, qué quiere, qué siente, qué valores tiene. Si ya forma parte de nuestro equipo, es nuestra familia, es tu hermano, o tu primo, o tu vecino, le quieres, es alguien de tu día a día. Dale toda tu atención. 

Gracias a todas esas personas, muchas gracias.

“Si me necesitas, silba”. 😉

Te invito que eches un ojo a la nueva imagen de la web, donde yo también “me mojo” y cuento cosas que muchos/as no sabíais.

www.organiccoaching.es

Un abrazote, desde Madrid.

Ana

 

 

Antes de que sea demasiado tarde

silla ruedas

Muchas veces reflexiono sobre algo parecido a lo que nos muestra esta imagen, pienso en si hay muchas cosas que podía haber hecho anteriormente y que no he hecho, casi siempre, por no decir siempre, fue por tener miedo. Para sen sincera, hay alguna.

Sin embargo, también hay miles de cosas que he hecho, corriendo riesgos, a sabiendas de que la vida pasa, y pasa rápido, al menos para mí.

Cuando era pre adolescente o adolescente renuncié a irme a EEUU a estudiar por miedo, y por aquello que en ese momento yo sentía que era amor, y bueno, es algo que a veces pienso que me hubiera encantado hacer y que ahora sería muy bueno para mí. Por eso, cuando dicen algunas personas que no  hay que arrepentirse de nada en la vida, pienso: “Bueno, eso serás tú, porque yo sí que me arrepiento de cosas, tanto de cosas he hecho como de cosas que no he hecho”. 😉

En serio, hay cosas que por inmadurez no hice, y otras sin embargo, que por el mismo motivo hice, porque en realidad, no hacer algo, como irme a estudiar fuera, es hacer otra cosa, quedarme donde estaba.

Cualquier decisión que tomemos, aunque sea no hacer nada, es una decisión y por ende, tendrá sus consecuencias.

Me fui haciendo un poco mayor y me pasó lo contrario, todo aquello que no había hecho “a su tiempo” lo quise (y sigo queriendo) hacer, y hasta ahora, sin parar de arriesgar, sin parar de recordar que el tiempo pasa y que mejor hacerlo hoy que mañana, por lo que pueda pasar.

Merece la pena, nunca mejor dicho, pensar que, como he comentado alguna vez, tenemos fecha límite, y que cualquier día de nuestra vida es un regalo y  creo que debemos  disfrutar, aprovechar, saborear, y  pensar que cada segundo  tenemos la capacidad de decidir, de elegir qué y cómo, con quién, cuando. 

Somos unos privilegiados, “tan solo” por el hecho de estar vivos, y sobre todo si estamos sanos, y más todavía si tenemos nuestras necesidades básicas cubiertas, y por este motivo, yo siento como una obligación ser feliz.

El respeto, desde mi punto de vista, que le debemos a todos aquellos que por desgracia sufren cada día, nos debería hacer ser más generosos, con todo y con todos y ser agradecidos, y sonreír más, y levantarnos cada día con el firme propósito de ser felices, valorando todo aquello que tenemos y en lo que ni siquiera pensamos porque lo damos por hecho.

¿Y si no fuera así?

Por eso, desde hace unos años para aquí, yo decido ser feliz, y siempre que puedo me esfuerzo para serlo (a veces sin esfuerzo también sale, muchas veces, ;))

Quiero que cuando sea mayor, como la imagen que muestro, y me mire al espejo, piense que hice todo, absolutamente todo lo posible por ser feliz, que aproveché el viaje, que viví como quise (súper importante, lo más importante de todo), que a pesar de errar, aprendí de cada fallo, que me rodeé de buenas personas que me ayudaban a crecer, que a veces parecía una loca, que nunca perdí parte de la niña con la que hablo de vez en cuando, y que a partir de un momento de mi vida, el miedo se esfumó.

Yo no tengo hijos, pero si los tuviera, creo que es el mejor legado que les podemos dejar,que sean felices, que no tengan miedo de equivocarse, que con los errores, con el sufrimiento, es con lo que más se aprende, con lo que más se crece, que sean buenas personas, alegres y optimistas, respetuosas, amables y educadas, que salgan a la calle a comerse el mundo. Sin miedo, y si hay miedo,que también puede ser,  se le vence.

Quiero, si en algún momento, cuando me esté muriendo, me ocurre esto que cuentan de la película que pasa por nuestra mente diseccionando los  momentos más importantes de nuestra vida, me sienta tranquila, con paz, me inunde la felicidad de saber que lo hice lo mejor que pude, y sobre todo, que teniendo en cuenta el sufrimiento de los demás, yo, decidía ser feliz, casi siempre. Con miedo o sin él, como comento arriba, si tuve miedo, que a veces es inevitable, lo superé.

Te deseo todo esto y mucho más; ojalá que tú también, llegado ese momento, no te reproches el haber dejado oportunidades de ser más feliz, de hacer cosas, de correr riesgos. Ojalá cuando te hable esa niña,te diga simplemente: “gracias por haberme hecho tan feliz durante tantos años”.

Gracias por leerme, un abrazo y que tengáis un bonito día.

Pd: “Haz lo que quieres hacer antes de que se convierta en lo que te gustaría haber hecho”

Ana   www.organiccoaching.es

 

 

 

“”No me sigan a mí, sigan al niño”

maríamontessori

Hola, ¿qué tal?

Ahora, inmersa en un trabajo que tengo que entregar en breve de Psicología del Desarrollo, he recordado el trabajo anterior, y se me ha ocurrido compartir con vosotros  la parte más “informal” del mismo, tal vez a alguien le pueda apetecer leerla.

Darle libertad a los menores, que se sientan libres de ser lo que amen ser, de elegir, de aprender mediante el juego, en definitiva, de que se sientan felices, desde mi punto de vista, viene a ser algo así como nuestra obligación, o quizá quede menos fuerte decir que es su derecho. Como prefieras, los dos términos para mí son válidos.

Creo que es de suma importancia hacer una valoración a otros niveles, de que el sistema pedagógico se nos ha quedado un poco obsoleto..

En fin, os paso este breve fragmento, y ya sabéis, yo encantada de recibir vuestras opiniones, de todas saco algo, y desde ya, os lo agradezco. Ahí va:

 

Educación, Cultura y Desarrollo

 

El modelo educativo que se lleva a cabo hoy en día parece estar anclado en el pasado. Antes la educación era impartida por el/la profesor/a mientras que los/las alumnos/as, sentados en sus mesas y pupitres, atendían a lo que éste decía para luego memorizarlo y plasmarlo en un examen.

Hoy en día parece ser que todo esto no ha cambiado demasiado. Todavía son muchos los profesores que dan la lección para que los alumnos plasmen más tarde sus conocimientos en un papel. La integración de las TIC todavía no se ha implantado por completo en las aulas ni tampoco la idea de que el niño aprenda siguiendo su propio ritmo mediante la experiencia.

Se puede apostar por un nuevo modelo educativo en el que el niño sea el centro de la educación, en el que se destierren los exámenes y la evaluación se realice observando el progreso del niño. Se puede favorecer la creatividad y la motivación provocando que los niños se interesen por aprender. Es posible dejar a los niños que jueguen y se diviertan. Puede ser conveniente dejar de seguir basándonos en los currículos impuestos desde “fuera” y basarnos en proyectos en los que los niños estén  interesados.

Personalmente siento grandísima tristeza cuando escucho que algunos padres les dicen a sus hijos que piensen con la cabeza a la hora de elegir profesión, de elegir estudios, porque lo primero, lo primero de todo, según ellos, es saber qué salidas tienen.

Debido a mi profesión, me encuentro a menudo con personas de entre treinta y cuarenta años que dicen sentirse frustradas, se sienten perdidas y sienten que con esas edades, han invertido parte de su tiempo, que por cierto no va a regresar a modo de regalo, en dedicarse a algo que no sienten que les identifique.

Me dedico al coaching, y lo mío es hacer preguntas, siento a veces que son un poco desafiantes, aunque las realizo desde el respeto y el cariño y con la intención de que se produzca es insight que les haga ver realmente cuál es su pasión:

“¿Qué harías si no tuvieras miedo?”

“¿Qué querías ser de pequeño?, ¿Qué queda de aquel sueño?”

Me gustaría que a los niños, y he de decir que no tan niños, ya que cuando se elige carrera o profesión (porque no olvidemos que hay más mundo además de las Universidades) se les preguntara desde el corazón:

“¿Y tú, qué quieres ser de mayor?

Estos niños y/o adolescentes quizás no sean tan consecuentes como para decidir pensando en qué van a hacer con sus vidas que les dé la seguridad que los mayores tenemos constantemente en nuestro pensamiento. Y esto, para mí, es maravilloso, ya que lo que necesitamos, lo que el mundo necesita, es que haya personas que realmente amen lo que hagan, que se levanten cada día pensando es que es un día más, no un día menos, que sientan pasión, que sientan ilusión y que en definitiva, se sientan felices.

Por supuesto que se puede reflexionar, y mediante un proceso introspectivo, quizás también complejo, averiguar cuál es nuestra verdadera pasión.

Queremos niños felices, queremos personas felices, no personas que hagan lo que otros han decidido que era lo mejor para ellos. Porque los adultos de hoy son los niños del ayer…

He decir que conozco escuelas, o en concreto una, donde a los niños, se les educa de manera diferente desde que son pequeños, conectando consigo mismos y con sus emociones, y lo que es mejor, sin pudor de exteriorizarlo. 

Ahora bien, este colegio, por su coste, no es accesible para todos los padres, entonces, yo me pregunto algo, y es que si sólo las familias con un poder adquisitivo alto pueden  elegir qué tipo de educación van a recibir sus hijos, ¿qué pasa con los que su nivel económico es medio o incluso bajo?

Si se quisiera, y no digo pudiera, cambiar los modelos educativos, tendríamos adultos más felices, que se sentirían mucho más realizados y a los cuales el tiempo, su día a día se les pasara deprisa, y muchos, no consumiendo fármacos que les aporten esa felicidad que podrían tener si no se hubieran visto presionados, o manipulados o empujados a estudiar algo que realmente no les gusta. Porque además, apuesto a que a la mayoría de profesores de hoy en día, les gustaría poder enseñar de otra manera mucho menos teórica y más práctica, no como ahora, donde los niños tienes deberes y deberes que hacer y luego para el examen, lo que antiguamente nos decían, a clavar codos. Desmotivación total, yo creo.

En estos casos, ni se disfruta del camino, ni tampoco cuando se ha llegado al objetivo, y la respuesta es clara, ¿Por qué? Pues sencillo, porque no era lo que tú deseabas, porque no era lo que tú habías elegido, porque fueron otros los que decidieron tomar las riendas de tu vida, otros decidieron por ti.

No seré yo la que critique a quienes diagnostican TDAH (Trastorno Déficit de Atención e Hiperactividad) ni tampoco un alto CI (Cociente Intelectual), sin embargo, sí me gustaría que empatizáramos un poco con los menores, que les “ayudáramos” a elegir con el alma, porque imagino, que todos nuestros anhelos van en una dirección y es que vivamos, todos, más felices, y para que eso ocurra, hemos de empezar por la base, y yo creo que la base está en forjar futuros que se adecuen a lo que cada uno de los menores desea. Hay mucho talento que se nos escapa y muchos menores que se aburren. ¿Por qué no preguntarles qué les gustaría estar aprendiendo?

Lo positivo de todo esto que nos está sucediendo a los más mayores, es que lento, cierto, pero nos estamos dando cuenta de que el sistema educativo tiene que ser modificado con urgencia, no tiene sentido porque el mundo dentro de las organizaciones, también está cambiando.

Creo que los objetivos a la hora de decidir qué queremos ser de mayores, han de ser estos: individuales, culturales y económicos, en este orden, no en el orden contrario.

Personas felices, que amen levantarse cada día para ir a hacer eso que muchos llaman “trabajar”, que puedan desarrollar su talento, aportar y aprender, con niveles de autoestima elevados, creo, que esa es la meta que debemos perseguir.

Muchas gracias por leerme, os mando un fuerte abrazo.

Ana       www.organic.coaching.es

 

 

Adicta al agradecimiento

one smile

Me llama la atención poderosamente que a la gente le resulte casi anecdótico que dé las gracias, y hoy, una vez más, reflexiono sobre este aspecto.

Hace un momento, alguien me decía algo sobre este tema, e inmediatamente le iba a contestar que es una cuestión de educación. Educación básica, además.

Sin embargo, he ido más allá, y una vez más, me muestro ante todos vosotros y os comento los pensamientos que han ido bailando en mente.

Por supuesto que hay una base de educación en el agradecimiento, sin embargo, tal y como escribí una vez,  es algo mucho más profundo, no se trata del “mero” hecho de dar las gracias, que por supuesto está muy bien; ser agradecido y  sentirse agradecido, para mí, es otra cosa, está en la misma línea, pero a otro nivel. Se puede dar las gracias sin sentirse agradecido sinceramente, al revés creo que también, pero pienso que la mayoría de veces que uno se siente agradecido, lo muestra, y tal vez  no verbalmente, no es la única forma, obvio.

Cuando yo doy las gracias, siento como a muchísimas les produce alegría, sienten, o  eso me dicen, emoción.

Lo “típico” o “normal” para mí como: “gracias por compartirlo conmigo”, “gracias por llamarme”, “gracias por acordarte de mí”, “gracias por creer en mí”, “gracias por escucharme”, “gracias por confiar en mí”…me da la vida.

En fin, gracias, gracias, gracias y más gracias.

Cuando doy las gracias, siento la alegría de la otra persona, de los cajeros de los supermercados, cuando compro algo, cuando voy corriendo y alguien se aparta para dejarme pasar, no sé, lo siento, siento el agradecimiento en mí, me invade, a veces me dan ganas incluso de abrazar…qué loca ¿?

Y ahora viene donde quiero ir, al fondo de la cuestión.

Cuando me siento agradecida por algo, por una mirada o palabra, por un gesto, por lo que sea, y lo hago saber, la sonrisa de la otra persona, sus ojos sobre los míos, incluso algún rostro sonrosado, me aportan tanto, es tanto el placer que siento, que si se pudiera medir en ese momento cómo ascienden mis niveles de serotonina, dopamina y endorfina, si hubiera en ese momento un termómetro en algún lugar de mi cuerpo que midiera sus niveles, creo que explotaría. Estoy segura, vaya.

Me aporta mucho, mucho placer sentir que con un simple gesto, tanto una parte como la otra, ambas partes, podemos estar, me atrevo a decir, tan conectados.

Sí, creo que el agradecimiento, además de todo, nos conecta con los demás.

A veces me preguntan si es real mi optimismo, mi felicidad, y os aseguro que sí; y que cuando no me siento así, que también ocurre, (que nadie se equivoque, por supuesto que también me ocurre, como a ti) llamo a personas de confianza, unas pocas solamente, y les cuento. Otras muchas veces, muchas, lloro sola.

Lo que quiero decir, es que soy una egoísta, como una vez más podéis comprobar, egoísta sana, si me permitís, ya que al final, en lo más profundo, cuando doy, sé que voy a recibir, en la mayoría de los casos, y eso, a mí, me regala muchas dosis de felicidad a las que me confieso absolutamente enganchada.

Como dice uno de mis libros de mesita de noche, El Principito: “Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta”.

No hay excepción, quizá hayáis probado a darle algo de dinero o comida, o una abrazo,  alguna persona en el metro o en la calle.

Quizá era alguien que tocaba el violín, como me sucedió hace poco; ese momento, cuando con mis ojos llenos de lágrimas, me acerqué a él, y no fueron las monedas lo que nos conectó, ni siquiera mi sutil gracias, que ni siquiera yo pude escuchar, fue al agradecimiento, en este caso, mutuo, instantáneo por ambas partes. Lo recuerdo y me sigo emocionando. El violín me puede, confieso.

En mi caso, ser agradecida, me hace muy feliz, porque es real, porque de verdad lo siento.

 

Un abrazo y de veras, gracias, muchísimas gracias por leerme, 😉

Ana (www.organic coaching.es) 

Kafka y la muñeca

Imagen

kafkaHace días descubrí gracias a Perdoname Freud vía Facebook esta bonita historia, al menos para mí, y que he querido compartir con vosotros:

Un año antes de su muerte, Franz Kafka vivió una experiencia insólita. Paseando por el parque Steglitz, en Berlín, encontró a una niña llorando desconsolada: había perdido su muñeca.
Kafka se ofreció a ayudar a buscar la muñeca y se dispuso a reunirse con ella al día siguiente en el mismo lugar.
Incapaz de encontrar a la muñeca compuso una carta “escrita” por la muñeca y se la leyó cuando se reencontraron:
– “Por favor no llores, he salido de viaje para ver el mundo. Te voy a escribir sobre mis aventuras …“- Este fue el comienzo de muchas cartas.
Cuando él y la niña se reunían, él le leía estas cartas cuidadosamente compuestas de aventuras imaginarias sobre la querida muñeca. La niña fue consolada. Cuando las reuniones llegaron a su fin, Kafka le regaló una muñeca. Ella obviamente la veía diferente de la muñeca original . Una carta adjunta explicó:
-“mis viajes me han cambiado … “ –
Muchos años más tarde, la chica ahora crecida, encontró una carta metida en una grieta desapercibida dentro de la muñeca. En resumen, decía: -” Cada cosa que amas es muy probable que la pierdas, pero al final, el amor volverá de una forma diferente“- .

Kafka y la Muñeca… la omnipresencia de la pérdida.

Espero que os haya gustado y que tengáis un buen día, un abrazote.
Gracias por leerme, Ana.