Que ¿todo? fluya y que ¿nada? influya…

fluir

Así creo yo que es, tal cual.

Cuando uno no se crea expectativas, obvio que no se desilusiona, esto está bastante bien, según mi opinión. Se trata del flow, que tanto está de moda. Fluyamos.

Fluimos con la vida, con las personas, con las oportunidades que se nos presentan, con las sonrisas que nos regalan, con los abrazos que nos dan, con esas miradas de personas que no conocemos. Fluimos. O al menos yo, fluyo. ¿Y tú?

Me gusta fluir en cuanto a esto se refiere, sin embargo, el flow, puede ser que traiga consigo  daños colaterales si nos aferramos a él como quien se aferra a un clavo ardiendo. ¿Por qué? Porque quizás, solo digo quizás, nos invite a ser estáticos, a no provocar situaciones, a no hacer que las cosas ocurran.

Las personas que son muy emocionales, en las cuales yo me incluyo, esto del flow es “sí, pero no”. Me explico: quiero fluir con la vida, con las cosas que me ocurren, y sobre todo, con las que no puedo hacer nada, las que no dependen de mí, que cambien. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Me puedo quejar, es verdad, pero no quiero. He aprendido a no hacerlo, al menos, a hacerlo lo menos posible, porque no aporta nada. Fluyo con otras cosas bonitas que me pasan, me digo: ¡hey Ana, qué bueno que te haya pasado esto, fluye! Entonces, fluyo.

Hay otras veces en las que fluyo demasiado, y meto la pata, porque esa pasión, ese huracán que a veces soy, me empujan  a ser muy impulsiva. Ayer justo lo comentaba, es una parte de mi Ana infantil que ahí sigue…

Otras veces, no quiero fluir, y me gustaría que tú me contaras que tampoco fluyes, sino que ayudas a provocar situaciones, situaciones que por sí solas a veces no se dan, situaciones que necesitan un pequeño (o gran) empujón. Aquí es cuando yo no fluyo, paso. Soy una cabezota, o si quiero ser más correcta diré que soy muy persistente. Si creo en algo, si quiero  algo, quererlo de verdad, y pienso que podría ser “chulo”, voy a hacer todo lo posible por que ocurra. En estos casos mi cabeza va a mil, empiezo a imaginar cómo podría ser, y repito, no sólo pienso en “oooohhh, sería tan guay que pasara…”.Hago cosas.

No soy amiga de las generalizaciones, creo que hay que tener mucho cuidado, por este motivo, esta imagen me llamo la atención. ¿Todo, que todo fluya? No, no lo creo, no lo quiero, todo no. Sólo algunas cosas, las bonitas, y por supuesto currárselo un poco para que se mantenga en el tiempo, ¿no crees?

¿Nada, que nada influya? Ahora mismo yo me sonrío porque con esto del coaching y la PNL parece que me he vuelto muy “especialita” con el tema sobre cómo comunicamos. Volvamos. ¿Que nada influya? Jo, pues tampoco lo veo yo así. Yo soy puro volcán en erupción, pura marea, pura tormenta, también día soleado y tranquilo en cualquier montaña bonita y tranquila., en cualquier playa de esas que tanto amo.

Si “nada” nos influye, ¿que estamos, muertos? Yo prefiero sentirme viva, que la cosas me muevan, ser capaz de sentir amor, tristeza, alegría, frustración y enfado. ¿Somos humanos, o qué?

Huelga decir que las emociones menos “bonitas”, intento trabajarlas más, procuro aprender a gestionarlas mejor. Sin embargo, y esto dará para otro post, canto un “hurra” a favor de la tristeza, que la pobre, con tanto “humo vendido” acerca de su contraria, la alegría, parece que es como una enfermedad mortal. Nada que ver, a mí me ha ayudado a crecer. Lo dicho, esto para otro post.

Millones de gracias por leerme, un mes sin escribir por varias cuestiones, lo siento.

Ya sabes: “Si me necesitas, silba”.

Abrazote,

Ana

www.organiccoaching.es

 

 

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