Duele. Duele. Duele. DUELO.

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DUELE.

Pues claro que duele, todos los duelos, duelen.

Cuando sentimos que hemos puesto toda nuestra ilusión, todo nuestro amor, todo nuestro esfuerzo, todo nuestro alma en una persona, en un trabajo, o en algo que anhelábamos, duele mucho si “eso” se esfuma, si eso se evapora.

Si hablamos del tema de las parejas, me viene a la cabeza lo típico de “una veces se gana y otras se pierde”. No me gusta mucho esto para casos así, tan emocionales. Desde mi punto de vista, se pierde, en general, ambas partes pierden.

Sin duda, si alguien me está leyendo (espero que al menos una persona, ;D) podáis pensar que la persona que toma la decisión sufre menos.

Pues bien, parece obvio decir que sí, ¿no? También, desde mi humilde opinión, es relativo, es decir, sí y no.

Quizás sufra menos en el proceso real (a nivel tiempo de la “despedida”), sin embargo, sería bueno preguntar qué estaba pasando antes en su interior, sin juzgar en exceso a nadie ni nada,  porque como decían nuestros padres de pequeños, “eso está feo”. 

Los duelos duelen, necesitan su tiempo. Por cierto, suele ser un año, una año porque uno comienza a pensar cosas de este estilo:

“Hoy hace tantos años desde que nos conocimos”

“Hoy haría 7 años de nuestra boda”

“Hoy hace 9 años desde que nos besamos la primera vez”

Y así un largo etcétera de sucesos que posiblemente necesiten un añito para cerrar página. Afortunadamente a veces es menos, como es lógico depende mucho de las situaciones.

Sobre todo para las personas que no han tomado la decisión hay varias etapas, que seguro que os suenan:

1/ Negación: NO, NO Y NO.  Algo así como:

Ni de coña, esto es un enfado, seguro que se le pasa”. O también algo así: “No puede ser, esto no me puede estar pasando a mí, es imposible”.

2/ Rabia + tristeza:

Esta es muy dura también, porque de repente, nos transformamos en personas desconocidas, algo así como una mezcla entre Mª Magdalena (la famosa Zarzamora también vale), y la niña del exorcista. Aunque utilice este tono, perdonadme, sé que se pasa horrible, yo misma lo he pasado en algún momento de mi vida, por eso mismo he puesto esos ejemplos, porque yo misma me sentía así. Para eso utilizo el tono “humor”, para no sentirme una víctima…

3/ La asimilación:

Por fin se empieza a ver la luz al final del túnel, bendita asimilación. Yo creo que esta es una fase de gran importancia, donde la introspección nos va ayudar mucho a evolucionar, a tomar conciencia sobre qué cosas podemos mejorar en adelante para que nos vaya mejor, para ser más felices e intentar darle un giro de 180 grados a nuestras formas (estereotipadas muchas veces) de llevar una relación.

4/ Aceptación:

 ¡¡¡Menos mal!!! Aquí, justo aquí, es cuando muchas parejas deciden acercarse de nuevo, asomar la patita otra vez en la vida de aquella persona que un día compartió momentos de tanta y tanta felicidad. Lo ideal, para mí, es que (si es posible) en las fases anteriores también se pueda conseguir, dando espacios cuando vemos que la otra persona sufre, que no le hace bien determinada comunicación, alejarnos un poco.

En fin, los duelos, duelen. Se enfadarán con nosotros, casi seguro. O nosotros con la otra parte. Sin sentido, sin un por qué y sin un para qué.

 Yo creo que merece la pena entender, ponerse en la situación de la otra persona, no tener nada en cuenta, EMPATIZAR, pensar en todo el amor que queda, aunque sea a otro nivel, y no decir nada, sólo entender.

Como dice la imagen:

Duele. Duele. Duele. Duelo.

Enfado. Tiempo. Acepto. Sano. Vuelo. VUELVO. (Yo añadiría esto, vuelvo)

Me he centrado en una separación de una pareja, y también ,por supuesto, con los duelos cuando alguien a quien amamos se va, para no volver, digo; con abortos, incluso tratamientos de fertilidad, desilusiones con amigos, etc. En definitiva, algo que nos provoca un terremoto interior y que hace que nuestros cimientos se caigan. 

Os mando un super abrazo (en especial a quien esté pasando por un duelo). Mil gracias por leerme y por dedicarme un ratito, muchas gracias.

“Si me necesitas, silba. ¿Sabes silbar?”

Ana      www.organiccoaching.es

 

Ninguno quiso mojarse y acabaron muriendo de sed.

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Vivimos en un contexto histórico donde, al menos a mí, me parece interesante que hagamos una reflexión. A ver…¿Qué quieres? Yo misma: ¿Qué quiero?

Curioso. Queremos no tener pareja, que no es lo mismo que estar solos, ¿o sí? Queremos tener pareja, y la verdad, a veces no comprendo muy bien para qué, para estar haciendo “soffing” cada uno con su iPhone dale que te pego a las redes sociales…

Queremos dormir con alguien, pero ¿Para qué? ¿Para no sentirnos solos, para sentir que alguien nos quiere, para sentir que le importamos a alguien? ¿Pura costumbre?

Me viene a la cabeza una canción de Sabina, que decía algo como de un gato sin dueño que va por los tejados, o también me suena algo así como “no miento si juro que daría por ti la vida entera, y sin embargo, un rato cada día, ya ves, te engañaría con cualquiera”.

¿Qué nos está pasando? No sé, parece que hoy en día decir que se quiere una relación un poco más profunda, de alma a alma, de piel con piel, no está de moda, es como que “eres una antigua”. Ni siquiera el término “folloamiga”, o como se diga, es como… “uffffff, eso es mucho”.

Pero, pero, luego llega un domingo lluvioso, o llegan las vacaciones, o un día cualquiera de una semana cualquiera, y oye, como que echas de menos un poco de amor, de amor del bueno. Ya no hablo de acostarte con alguien, sino de acostarte y levantarte. Pero oye, que no, que esto no es así.

Queremos unos curros increíbles, que nos llenen, hablar idiomas, “triunfar”, salir ideales en las fotos de las redes sociales, tener muchos seguidores, y no sé, esto me lo pregunto mucho últimamente: ¿Para qué? ¿Qué te/me aporta tener veinte mil “me gusta” en una foto de Facebook? De toda esa gente, ¿a quién crees que le importas de verdad? ¿Será una  cuestión un poco de ego? ¿Sería mejor invertir ese tiempo en llamar por teléfono y decir: “Te veo genial (o fatal), dime, ¿cómo estás? Pero no, esto quizás ate mucho, es mejor mantener un poco la distancia de precaución, y pasar solo si hay un paso de cebra, y si el semáforo está en verde. Pero, ¿sabemos cuándo el semáforo está en verde?

Vamos a inventar una palabra, aunque quizás exista y yo la desconozca:

amorfobia.

Ayer lo hablaba con un amigo, me decía que llevaba dos años sin estar con nadie, y que sentía que él mismo se estaba bloqueando, y puede ser, claro que pude ser. No queremos un polvo rápido pero tampoco una relación. No quiero desnudarme ante ti, porque me da vergüenza que veas cuán vulnerable soy, y por supuesto, aunque me gustes, no te lo haré saber, porque  total, no tengo ni idea de lo que quieres. No tengo mucho tiempo, así que el que tengo quiero que sea muy especial, pero claro, a la primera de cambio cojo la puerta y me largo, y así, es difícil que surja algo bonito. Ah, bueno, pero realmente yo quiero algo bonito o yo qué quiero.

¡Ya lo tengo!: quiero tener pareja cuando me dé la gana, como me dé la gana, con quién me dé la gana, donde me dé la gana, el tiempo que me dé la gana, y todo como me dé la gana, porque las normas, las pongo yo… Así  nos va.

Esto último no va conmigo, la verdad, y sin embargo, no me queda otra, lo respeto, es que no hay más opción. Me pregunto ahora mismo, justo ahora, cómo han cambiado tanto nuestros valores, cómo se antepone el éxito profesional al personal, cómo se puede preferir el dormir solo a dormir con alguien (no cualquiera, como decía Sabina).

Es curioso que nos parezca un acto de una intimidad absoluta dormir con alguien, y sin embargo, desnudarnos y tener sexo con alguien sea como el que comparte una mirada furtiva en plena calle. Como decía otra canción: “ay, cómo hemos cambiado…”

En definitiva, y una vez más, estaría más que bien, según mi opinión, que nos preguntáramos qué estamos haciendo con nuestras vidas, si estamos dejando que se nos escapen trenes que quizás nos podrían llevar a sitios bonitos, o al menos, con un trayecto chulo, que nos haga saltar de felicidad. Puede ser que nos queramos bajar a las pocas paradas, pero…¿Y qué? Son oportunidades. Hace unos días lo hablaba con mi hermana por algo que le habían dicho de los tres que pasan, y bueno, yo creo que el tren sigue pasando, lo cojas tú o no, no se para, lo que depende de uno es si ese tren nos llevará a nosotros o si por el contrario, decimos quedarnos en tierra, y en ese caso, subirán otras personas.

Acuérdate de que sólo tienes una vida, y una vez leí que un día sin sonreír es un día perdido, y con el amor, pasa algo parecido: si tienes la posibilidad de amar y de que te amen, hazlo. Quizás dentro de unos años se ponga de moda amar y no sé, te acuerdes de esa persona…

Ojo, también entiendo que tal y como está el percal, algunos prefieran aquello de “Virgencita, virgencita que me quede como estoy”. Normal…

Perdonad si veis alguna falta de ortografía, no voy a repasar el post porque si no, quizás no lo publique, así que, esta es mi reflexión más personal sobre el amor, las parejas, las pseudo parejas, las neo parejas, y todo eso, 😉

Mil gracias por leerme, y por cierto, ¿Qué tiene que ver esto con mi trabajo? MUCHO. Hablo, como es evidente, de amor, de respeto, de empatía, de ser uno mismo, de liderazgo, de autenticidad, de reflexión, compartir, sinceridad, cambio de paradigma, etc.

Gracias a Coco Animaux (Instagram) por esta imagen que ya publiqué en mis redes sociales hace un tiempo, me encanta.  Gracias a Inés Lee por la publicación hoy la misma red social porque me ha invitado a reflexionar (de nuevo) sobre este tema.

Un abrazote, y si no vuelvo por aquí: Feliz año 2017.

Ana http://www.organiccoaching.es

 

 

Mírame a los ojos.

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A veces me preguntan que cómo he llegado dónde estoy, refiriéndose a mi estado de mental.Sobre todo personas que conocen bien mi historia. Y yo contesto (al puro estilo coaching):

“Y para ti, ¿dónde estoy?”.

Me contestan de todo, pero sobre todo, se refieren al estado de “rutinariamente feliz” en el que pasan mis días, en el que fluyo conmigo misma, con mi vida.

Pues bien, la respuesta es variada.

Por una lado diría que llorando, sufriendo a tope, cayéndome y haciéndome mucho daño, rasgando mi alma, haciéndome heridas que se convierten en cicatrices que luego miro y valoro.

Equivocándome. Asumiendo. Responsabilizándome. Quitándome el rol de víctima. Relativizando. Activándome. Haciendo cosas. Esforzándome. Frustrándome. Valorándome (sin  pasarme). Equivocándome. Aprendiendo. Atreviéndome.

Cuando algunas personas, que me conocen bien desde hace muchos años, me dicen que menudo cambio, yo siempre contesto lo mismo:

 “No ha sido gratuito, no ha caído del cielo. He pagado mis facturas”.

Siento, y lo digo con la más absoluta sinceridad y humildad, que le debo mucho a la vida, a mis amigos, a  mi familia, a Javi, y a todas las personas que  han confiado en mí. Me refiero tanto a personas con las que he trabajado, como con las que he colaborado, me refiero a esos grandes profesionales de los que aprendo y de los que me siento superorgullosa. También hablo de la cajera del súper, y de aquel rumano que se pudo volver a su país con su familia (vivía en la calle).

Pero todo esto, no habría sido posible sin el coaching. Para mí, el punto de inflexión que me hizo dar un giro de 180 grados, fue el coaching. Lloré como una niña pequeña al ver qué cosas más feas había dentro de mí, producto de tantas y tantas cosas por las que sufrí, y que no viene hoy al caso.

Me quité el cartel luminoso de:

“Soy una infeliz”. “Todo me pasa a mí”. “Qué mala suerte tengo”. “Mi vida siempre será una mierda”;

y los sustituí por este:

“Asumo que gran parte de lo que me ha pasado es mi responsabilidad”. “Hay cosas que ya es complejo que puedan darse, lo asumo”. “Mi vida puede ser maravillosa si hago cosas”. “No soy víctima de la mala suerte, yo soy  responsable de mis actos”.

Esto, que a priori puede sonar sencillo, para mí fue un duro proceso. Como he comentado, había partes de mí que quería cambiar a toda costa. Sabía que me alejaban de algunas personas. Sabía que me alejaban de mí. Sabía que me alejaban de la felicidad, y más que de la felicidad, de la paz interior.

¿Os acordáis de Caótica Ana? Una película del año 2007 de Julio Medem. Pues yo me sentía así. Caos.

Ahora, y sin ningún ánimo de ir de algo que no soy, me siento feliz conmigo misma, me he perdonado, he pedido perdón y también he perdonado.

Ya no me siento culpable, sino responsable.

Ya no me siento víctima, sino responsable también.

Desde el momento que decidimos qué queremos hacer, cómo queremos ser, tomamos conciencia, nos damos cuenta, y hacemos que las cosas ocurran sin que se den por ciencia infusa, empiezan a pasarnos eso que en principio creemos que es magia. Se llama esfuerzo.

No esperes que nadie te diga cómo tienes que ser, hacia dónde has de dirigirte, cómo vas a encontrar tu felicidad (nadie mejor que tú lo sabe).

No te creas nada de lo que te digan en charlas o conferencias, incluso mías, sobre todo  las mías. Lo que a mí me vale, quizás a ti no, o sólo en un porcentaje. Al que está a tu lado, no sé, habría que preguntarle. De lo que escuches, quédate solo con lo que tu corazón se sienta cómodo.

Coge todo con pinzas, cuestiónate, mira hacia tu interior, llora, haz limpieza general (a tu modo, con tus tiempos, respetando cada emoción que vaya aflorando.

Mi opinión (tampoco tienes por qué creértela) es que para ser feliz es necesario este proceso de introspección, que te conducirá (si tienes valor) al autoconomiento.

Como dice la imagen:

“Conviértete en lo que sabes que eres”.

Muchísimas gracias por leerme, por estar en mi vida. Gracias a toda la gente que me acompaña en el camino. Gracias a esas personas maravillosas que he conocido gracias a este blog y a otras RRSS, aprendo un montón de todos y cada uno de vosotros.

Recuerda: “Si me necesitas, silba. ¿Sabes silbar?”.

Ana www.organiccoaching.es

 

 

 

I´m fine…

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Parece que estar triste es señal de debilidad, de un exceso de vulnerabilidad, de ser débil. Definitivamente, creo, que estar triste, hoy en día, está mal visto, tiene mala fama.

¿Cuántas veces has estado triste y has dicho que estás bien?

Yo un montón, y curiosamente, más desde que me dedico a las personas, desde que estoy más trabajada que hace unos años.

Parece que tenemos que estar siempre buceando en la felicidad, sintiendo que casi alcanzamos las estrellas para regalárselas a quien deseamos.

Parece que bucear en el mar de del gozo debe ser nuestro estado permanentemente. Siempre sentiéndonos plenos.

Desde mi punto de vista, esto no es real.

Siento una gran compasión por aquellos que sufren en silencio, que opinan que ante un suceso que le rompe en mil pedazos, tienen que contestar que todo está bien. ¿Para qué?

Por el contrario, siento una gran admiración y un gran respeto por aquellos que son lo suficientemente auténticos para mostrarse, parar desnudarse, para decir cómo se sienten de verdad, y que (me) cuentan todo lo que su alma les va dictando.

Siento pena, mucha pena cuando sé que alguien lo está pasando mal y porque haya cuatro personas (por decir algo) que proclamen a los siente vientos que hay que estar siempre felices, se lo crean, y vayan dejando que esa fractura interna vaya siendo cada vez más difícil de reparar.

Creo, que tener el valor de toparnos con nosotros mismos y ver qué nos está pasando de verdad, sin interpretar el papel de ningún superhéroe es digno de valorar.

Como dice un amigo del alma, mi estado natural es “rutinariamente feliz”, ahora bien, no niego que a veces eso no es así.

De mis años colaborando en una clínica de adicciones y trastornos mentales de Alicante, recuerdo una chica/señora de Madrid que me decía: “Ana, cuando estoy bien estoy de puta madre; pero cuando estoy mal, estoy de puta pena”. Así, así es muchas veces, aunque no tengamos una patología, y no hay que sentirse menos válido por ello.

Amo a las personas, con sus emociones varias e intento entender que detrás de un “estoy bien, gracias”, puede esconderse un “¿me darías un abrazo?”, o “¿tienes un momento para escucharme, por favor?”.

No te sientas mal, por favor, por encontrarte en algunos momentos de tu vida triste, incluso si te sientes muy triste. Sé que es duro, lo sé. Te invito a que se lo cuentes a alguien, a que lo compartas.

Es como que la felicidad compartida es más felicidad, se multiplica, pero a la inversa; la tristeza compartida se divide, se atenúa. 

No te olvides de que nacemos llorando, y dando gritos, así que quizás sea esta la primera señal para darnos cuenta de que no pasa nada si nos sentimos tristes y enfadados en algún momento de nuestra vida.

Siéntete libre de llorar todo lo que te dé la gana, no le pongas parches a tu dolor, eso te hará más fuerte, creéme, te ayudará a evolucionar, a crecer, a madurar. Eso sí, mírate a un espejo y no dejes de repetirte que va a pasar. Recuerda que, seguramente, en otros momentos de tu vida también ha sido complicado, y has podido.

Quizás tengas cicatrices, seguro, yo tengo un montón, ¿y qué? Llora, conócete, permítete, no te avergüences.

No consientas que nadie te diga que “no pasa nada”, porque sí que pasa, si estás como la chica de la foto, sí que pasa,  lo que ocurre es que, afortunadamente, es transitorio, se va a pasar, ya lo verás.

En estos momentos, una chica de Instragram me está diciendo que se siente identificada con la foto. Y yo, y yo también. He aprendido a mostrar mi dolor sólo con unos pocos, y al resto, “I´m fine”…

Con este post lo único que pretendo es que nos mentalicemos de que el dolor está ahí, puede estar muy cerca de ti, de mí, y que según mi opinión, merece la pena estar con los ojos bien abiertos, porque puede ser que alguien necesite sentirse un  poco comprendido. Sólo eso.

¡Ah! y por supuesto, si eres tú el que te sientes así, decirte (desde mi alma) que lo siento e invitarte a que lo compartas…

Quiero agradecer a todas la personas que tanto en el plano personal como en el profesional tenéis o habéis tenido el valor de mostrarme vuestro dolor, vuestras heridas de guerra, aquello que os perturba, o que un día lo hizo. Muchas, muchas gracias por vuestra confianza, una parte de vosotros está en mí y me ha ayudado a ser mejor persona, creo yo.

Con este post me despido hasta septiembre que volveré con los post. Os deseo un feliz verano. 😉

Un gran abrazo, gracias por leerme y como siempre:

“Si me necesitas, silba. ¿Sabes silbar?”

Ana  (www.organiccoaching.es)

El rap de las cosas que son realmente importantes.

Bien, estoy de semi vacaciones, sin embargo, me desperté “rebelde” y decidí escribir sobre este vídeo que cayó en mis manos hace poco.

A mí, realmente, me produce tristeza, porque creo que en cierto modo, es cierto.

¿Tú te acuerdas de los ríos que te hicieron memorizar? Yo no, y tampoco de las miles de mesetas…en fin.

Creo que es verdad que hay que hacer hincapié en algunas cosas, un poco de cultura general no va mal, sin embargo:

 ¿Se intentaban crear personas con valores, personas felices? ¿Qué hay de eso?

He hecho coaching y trabajado en otras áreas de mi profesión donde me he encontrado con personas que a una edad adulta me han reconocido no saber quiénes son, ni dónde están, ni adónde van, ni que quieren, es decir, lo que viene siendo, que se encuentran perdidos. Lo malo: no son felices con lo que en el momento presente tienen. Lo bueno: según mi opinión, en la mayoría de los casos se puede hacer algo.

Efectivamente, nos obligaban a rezar, y según tengo entendido, la religión, sea cual sea, se basa en el amor, ¿no?

Pues bien, yo recuerdo cómo se reía de mí un profesor porque no sabía dibujar, un día incluso me rompió en mil pedazos un dibujo.

¿Es eso amor?, ¿es eso respeto? 

El amor, el respeto, y el resto de valores, han de ser bidireccionales, de mí hacia ti y de ti hacia mí, aunque sea una persona mayor o mi profesor, sobre todo por ello, yo diría. Es eso de “haz lo que yo digo no lo que yo hago”.

¿Os hablaron de la educación sexual? A mí, no. ¿De las drogas? Tampoco. ¿De la importancia de hacer lo que amamos, los que nos hace felices? No.

Por esto, pasan las cosas que pasan, y para no irme por las ramas, me centraré en la educación. ¿Os habéis fijado cuantas personas adultas comienzan una carrera nueva, o la primera? Quizás tenga algo que ver con lo que estoy diciendo…

Más que una fábrica de idiotas, y no le voy a discutir a Lytos que alguno/a hay, creo que es una fábrica de personas perdidas, y en muchos casos, esto nos impide ser felices. Aunque también conozco a personas que no tienen ni idea de nada, y oye, tan contentos que van por la vida sin saber quiénes son. O eso parece.

Ya existen en España algunas escuelas increíbles (modelos que vienen de otros países, claro) donde se trabaja la inteligencia emocional, los valores, donde enseñan que no pasa nada por mostrarnos tal y como somos, que no se hunde el mundo porque lloremos, y que tenemos derecho a estar tristes, enfadados, sentirnos frustrados, y sobre todo, enseñan cómo se gestionan estas emociones. Buena noticia. La mala, cuestan una pasta, y ojalá todo el mundo pudiera darle a sus hijos le educación que esté más en consonancia con su forma de sentir, de ver la vida, pero esto no siempre es posible.

Demasiados ríos y mesetas, muy poca poesía, música, arte en el sentido más amplio de la palabra. Muchas faltas de ortografía, eso lo sigo viendo.

Inglés en vena, es una vergüenza, y aquí sí lo digo sin que me tiemble el pulso, es una vergüenza que en todos los países que he viajado por Europa (por no irme a EEUU, ;)),, nos den mil patadas. Ellos dicen que hablan “a little bit” y para mí, son bilingües, lo hablan muy, muy bien.

No me hablaron del amor, ni de cómo puedo gestionar una situación de tristeza, tampoco me explicaron que está más que bien tener respeto por TODO el mundo, y en especial por los más vulnerables. En el cole tampoco me contaron cómo podría comunicarme de una manera efectiva. No, cera autoconcepto, cero autoestima, tampoco recuerdo que me hablaran de la humildad, ni de la solidaridad. Del pedir perdón tampoco (solo de poner la otra mejilla…), ni de los beneficios de ser una persona agradecida, con la vida (en general), no me dijeron que es una suerte tener para comer todos los días, y una casa, y vivir en un país que no está viviendo una guerra. Eso, en el cole, no era importante.

¿Cómo se puede explicar que en países subdesarrollados sean más felices que nosotros? Mucho para reflexionar, yo creo.

“Si me necesitas, silba. ¿Sabes silbar?” 😉

Un superabrazote y muchas gracias por vuestro tiempo.

Ana. (www.organiccoaching.es)

¿Cuánto pesa tu vaso de agua?

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soltar vaso

 

Suelo hablar con personas que, en ocasiones, se sienten estresadas o agobiadas. Es normal, todos lo hacemos en un momento dado en nuestras vidas, parar ser más exacta, en varios, otras personas en muchos.

Pues he aquí la respuesta a cuando a mí me preguntan que cómo lo hago, cómo lo hago para superar situaciones dolorosas o de estrés.

No es magia, no se trata de eso. Obviamente, creo necesario conectar con aquello que no duele, con aquello que nos bloquea, con esa emoción que creo en la mayoría de ocasiones es miedo y tristeza, o ambas. Menuda pu**da cuando les da por venir juntas, lo sé.

El pensar demasiado, sobre todo, sin no hacer nada, sin pasar a la acción, hace que no sepamos ni qué hacer ni qué decir, yo me he visto en esas alguna vez.

Respira, en el sentido más amplio de la palabra, sin embargo, cuando el brazo te duela, hazte un favor, suelta el vaso. Desconecta, desconecta y vuelva a conecta cuando ya no te duela. Y si no te hace falta volver a levantar el vaso y cargártelo, mucho mejor para ti.

La vida a veces nos pone en situaciones que nos provocan cierto estado de dicotomía absoluta, yo lo que recomiendo es que escuches a tu corazón, es el que mejor de puede aconsejar, sin embargo, no te olvides de la parte racional, no te olvides de lo que por tu cabeza pasa.

Está bien pensar, está bien sentir el dolor, pero creo que no hay que darle tanta, tanta importancia, ni tanto tiempo, en especial, esto. No creo que sea interesante dejar que la tristeza nos atrape, porque quizás, si miras a tu alrededor, verás que no es para tanto.

Mueren familiares, les decimos adiós no sin (en muchos casos) pensar que lo podíamos haber hecho mejor, y el sentimiento de culpa se apodera de nosotros, junto con la tristeza, porque lo malo de estos casos, es que no hay vuelta atrás, no hay perdones, no hay abrazos, ya no se puede.

Hay separaciones, que (por desgracia) en algunos casos no terminan bien, y en cualquier caso, son duras. Quizás aquí también surjan preguntas como que qué se podría haber hecho mejor. Y se echa de menos, claro. Lo extraño sería no acordarse nunca de una persona que ha estado tan, tan cerca de nosotros, de nuestro alma, de nuestro corazón. Aunque se finalice bien, es duro.

Si nos distanciamos de amigos, o tenemos cualquier problema en el trabajo, o si no tenemos tiempo…igual, a levantar el vaso. Ok, todo esto lo entiendo.

Pero dime una cosa, ¿qué te aporta estar con el vaso soportando ese peso durante tanto tiempo?

Mira a tu alrededor, abre los ojos y escucha, escucha bien. Seguro que ves cosas bonitas, seguro que escuchas cosas que te gustan.

Hace falta sólo una cosa: valorar lo que tienes. 

Muchas, muchas gracias por leerme. Cada vez somos más, y os estoy muy agradecida.

Un abrazote y ya sabes, no te olvides: Si me necesitas, silba. ¿Sabes silbar? 😉

Ana   (www.organiccoaching.es)

No todo se explica, no todo tiene respuesta.

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A veces nos hacemos preguntas que no tienen respuesta.

Algunas veces, también,nos preguntamos que por qué a nosotros.

Otras,  no entendemos nada, muchas veces, muchísimas. Al menos yo.

A veces, sentimos que no nos lo merecemos, ¿y quién sí se lo merece? ¿el de al lado?

A veces, creemos que no es justo, que para qué, que qué aprendizaje vamos a lograr.

¿Te has parado a pensar cuánto te atormentas con estas cuestiones?

¿Te has parado a pensar cuando maltratas a tu pobre corazón haciéndole que duela?

Porque no sé quién se habrá inventado que el corazón no duele, porque el mío ha gritado del dolor.

¿Te has parado a pensar para qué te haces daño, para qué te preguntas una y otra vez  lo mismo, si la respuesta más inteligente que logras es: “no lo sé”?

El corazón se encoje, las manos tiemblan, no puedes hablar; llorar, llorar y llorar. Déjalo. O bueno, no lo dejes, pero por favor, que no te dure mucho, porque si eso ocurre, te garantizo que te va a costar que tu corazón empiece a esbozar una mínima sonrisa.

Ahora, vuelvo a una pregunta de las que lancé antes:

¿Por qué a mí?

¿Y  por qué no?  ¿Y por qué no?

Estaba pensando en decirte que lo mejor es que no te hagas preguntas que no tienen respuesta, o al menos tú no las sabes, sin embargo, quizás sí que sea bueno que reflexiones. Y yo, y yo también.

Y ahora, escucha esto que te voy a susurrar al oído:

¿En qué momento haces estas reflexiones sobre lo justo y lo injusto? Piénsalo.

Yo creo tener la respuesta, creo: cuando estás mal, ¿verdad?

Me solía pasar bastante a menudo, te lo prometo.

Porque cuando estaba bien, no me preguntaba nada, mi alma sonreía, mi mundo sonreía, todo iba bien. Pero entonces, algo se paralizaba en mi interior, una nube negra comenzaba a acercarse, la veía venir, y entonces, la avalancha de preguntas comenzaban a amontonarse en mi cabeza. Tantas y tantas preguntas que notaba cómo se peleaban por hacerse un hueco en la misma. Sentía sus codazos, sus patadas, su maltrato.

Mi corazón se encogía, yo me encogía, y solo podía llorar.

No busques un para qué a todo, quizás no lo encuentres, quizás haya cosas en la vida que no tienen sentido.

Yo soy de la opinión que a veces la repuesta a ese: “¿para qué?”, no es inmediato a veces no lo vemos más que con el tiempo. A veces nunca.

No intentes encontrar tampoco el por qué , te puede ocurrir lo mismo, y el vacío te atrapará. Lo sé.

No te repitas que no es justo constantemente, porque hay miles de cosas que suceden cada día que no lo son. Entiendo perfectamente que seguramente, lo que más te preocupe eres tú, lo entiendo, y más si estás sufriendo. No será justo, seguro, sin embargo, sería mejor si fuera un “ajuste de cuentas”…

¿Te sentirías mejor?

Tampoco le encontrarás la lógica, y esto mira, te lo digo con sumo respeto, no va de matemáticas, la vida, casi nunca es lógica, casi nunca.

Pasa las horas, pasan los días, los meses y los años, y si estás leyendo esto, es porque estás vivo.

¿Verdad que no te estás preguntando, el por qué estás vivo? 

Pd: y sí, esto tiene que ver mucho con el liderazgo, con el coaching, con los valores, y en resumidas cuentas, con llevar la felicidad en el ADN.

Gracias por leerme, sois mi motor para que siga queriendo compartir estas reflexiones con vosotros. Aprovecho para deciros, que la mayoría de la veces, sois vosotros quienes me inspiráis.

Si me necesitas, silba. 😉

Ana. www.organiccoaching.es