Caperucita roja hace coaching!!

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Hola, ¿qué tal estáis? espero que muy, muy bien!

Hoy os quiero mostrar algo que he encontrado en internet y que es lo más parecido a una sesión de coaching.

El motivo de que lo publique en el blog es porque para algunas personas que tienen dudas sobre qué es y cómo funciona el coaching, creo que les puede ayudar a entender muy bien. Ya de paso, es una manera estupenda de que yo os lo haga llegar, ya que como decía un profesor mío, es más difícil explicar que es el coaching que hacerlo, 😉

Ahí va:

Había una vez una adorable niña que era querida por todos, pero sobre todo por su abuelita. Una vez, le regaló una pequeña caperuza de  color rojo que le quedaba tan bien que ella nunca quería usar otra cosa, así que la empezaron a llamar Caperucita Roja.

Un día su madre le dijo: “Ven Caperucita Roja, siéntate”. Se sentaron cómodamente, una enfrente de la otra. Mirándola a los ojos, la madre le dijo:

–     ¿Cómo estás mi cielo? ¿Has dormido bien?  Y, después de unos minutos de conversación, la madre dijo:

–        Caperucita, como hoy es fiesta y he horneado, tengo un pastel y una botella de vino en esta canasta. He pensado que se la lleves a tu  abuelita para que se coma una porción cada día, porque está débil.

–        ¿Débil? – Repitió Caperucita-

–        Bueno, es mayor,  pierde fuerzas y su cuerpo es frágil.

–        ¿Se puede romper?

–        No, está enferma y necesita alimentos que le proporcionen vitalidad para superar su enfermedad.

–        Por lo que estoy escuchando, quieres; que yo lleve la canasta a la abuelita que está enferma, para que se coma una porción diaria y recupere las fuerzas, ¿sí?

–       Eso es. Vete ahora temprano, antes de que caliente el día, y en el camino, camina tranquila y con cuidado, no te apartes de la ruta, no vayas a caerte y se quiebre la botella y no quede nada para tu abuelita.

(Si refuerzas lo que quieres evitar, pasará)

–       ¿Quieres que me caiga?

–       No, soy miedosa cuando se trata de ti.

–       ¡Resinifícalo!

–       ¿Eh? – Exclamó la madre.- Soy cuidadora, protectora…

–       Joder caperucita, ¡por qué no habrá hecho mecanografía como los tres cerditos y no el Coaching de la leche! – Díjose  la madre de Caperucita.

–       Y cuando entres a su dormitorio no olvides decirle, perdón, dile: “Buenos días”.

–       No te preocupes, haré bien la tarea, dijo Caperucita Roja, y tomó las cosas y se despidió cariñosamente.

La abuelita vivía en el bosque, como a un kilómetro de su casa. Y no más había entrado Caperucita Roja en el bosque, siempre dentro del sendero, se encontró con un lobo.

Caperucita Roja no sabía que esa criatura pudiera hacer algún daño, y no tuvo ningún temor hacia él.

–        Buenos días, Caperucita Roja, dijo el lobo.

–        ¡Buenos días, perrito!

–        ¡No soy un perrito!, soy un LOBO.

–        ¡Los lobos no hablan y tú has dicho “Buenos días”! Si fueras un lobo me habrías comido.

Muy lejos, en el interior del bosque,  un leñador gritaba; ¡es el lobooo, es el lobooo, el lobo es malo, huid! El lobo, que lo escuchó con sus grandes orejas, se apresuró a decir:

–     Es que tengo otro objetivo, je, je.

–     ¿Cuál es tu objetivo? – Preguntó Caperucita-

–     Comerme a tu…, comer algo hoy. – Contestó el lobo-

–     ¿Puedes concretar más?

Rascándose la oreja, el lobo dijo:

–        Pues, comerme a tu abuelita.

–        Y, ¿Cómo te hace sentir eso?

–        MUUY BIEN, JE, JE…

–        ¿Cómo es para ti, “muy bien”?

–        Satisfecho, integrado, ¡realizado como lobezno!

–        ¿Has comido alguna vez algo diferente?

–        Si,… pajariiiitoss, conejiiitoss, corderiiitoss, gamos…

–        Y cuando has comido gamos, ¿Cómo te has sentido?

–        ¡Genial!, dijo el lobo relamiéndose el hocico.

–       ¿Qué creencias lo sostiene?

El lobo se giró sobre sí mismo y en el trayecto, con un movimiento rápido, arrancó una ramita y se la puso en la boca, hizo un giro lento con su cabeza y mirando hacia las nubes, dijo:

–       Que los lobos somos cazadores, comemos carne. ¡Siempre ha sido así!- afirmó el lobo- ¡Los que no comen carne son cobardes!

–       Y, ¿Qué valor sustenta eso?

–       Que los lobos somos valientes.

–       ¿Qué hacen los valientes?

–       Arriesgarse, enfrentarse a una pieza más hábil que yo, luchar por el sustento y defenderse hasta la muerte.

–       Decías que tu objetivo es comerte a mi abuelita, ¿cómo te sientes siendo valiente con ese objetivo?

–       Bueno,…un poco rastrero.

–       Y, ¿Qué podrías hacer para cambiar ese sentimiento?

–       Comerme una pieza que esté a mi nivel.

–       ¿Qué pieza?

–       Un gamo.

–       ¿Cómo te hace sentir eso?

–       ¡Muyyy valiente!

Caperucita supo que decía la verdad, observó que su corporalidad estaba en coherencia con su exclamación. Y se dijo; “sí, hasta el rabo todo es lobo”.

–       Pensativo espetó el lobo: He tenido un insight, ¡mi objetivo va a ser cazar un gamo y llevarle un filete a tu abuelita para que se recupere!

–       ¿Y cómo lo vas a hacer? – preguntó caperucita-

–        Abriendo mis grandes orejas para escuchar en el bosque y saber dónde está.

–        ¿Y cómo lo vas a saber?

–        Con mis grandes ojos.

–        ¿Y qué  vas a hacer?

–        Cazarlo con mis garras afiladas.

–        ¿Dónde lo vas a hacer?

–        ¡En el bosque!

–        Y, ¿Cuándo lo vas a hacer?

–        ¡Ahora mismo!

–        ¿Cómo te sientes con este nuevo objetivo?

–        Muyyy energetizado- Y el lobo abrió su gran bocaza y dejó ver unos colmillos muy afilados-

–        ¿Dónde vive tu abuelita?, – Dijo entusiasmado el lobo.

–        Como a medio kilómetro más adentro en el bosque. Su casa está bajo tres grandes robles, al lado de unos avellanos.

A todo esto, el lobo empezó a escuchar su columna izquierda- esa donde está lo que uno piensa pero que no dice- y pensó: “¡Qué criatura tan tierna, qué buen bocadito!”.

Entonces acompañó a Caperucita Roja un pequeño tramo del camino y luego le dijo:

–        Mira Caperucita Roja, ¡qué lindas flores se ven por allá!, ¿por qué no vas y recoges algunas? Mira qué dulce cantan los pajaritos. Vas muy apurada, como si fueras para la escuela. ¡Mira el bosque, está lleno de maravillas!.

Caperucita Roja levantó sus ojos, y cuando vio las bellas flores y escuchó el canto de los pájaros, pensó:

–        Supongo que podría llevarle unas flores frescas a mi abuelita. Además, aún es muy temprano y no habrá problema si me retraso un poquito, siempre llegaré a buena hora.

Y así, ella se salió del camino y se fue a cortar flores. Y cuando cortaba una, veía otra más bonita, y otra, y otra, y sin darse cuenta se fue adentrando en el bosque.

Mientras tanto, el lobo aprovechó el tiempo, corrió directo a la casa de la abuelita y tocó a la puerta.

–       ¿Quién es?-Preguntó la abuelita.

–       Caperucita Roja, -contestó el lobo- traigo pastel y vino. Ábreme, por favor.

–       Mueve la cerradura y abre tú,- gritó la abuelita-  estoy muy débil y no me puedo levantar.

El lobo movió la cerradura, abrió la puerta, y sin decir una palabra más, se fue directo a la cama de la abuelita y de un bocado ¡…no!, ¡no se la comió!. Pero es que… ¡es mi carácter! Exclamó para sí el lobo. Y a continuación despedazando la pieza cazada, le dio un filete a la abuelita, recuperándose esta de inmediato. En agradecimiento le regaló su gorrito al lobo y decidieron esperar juntos a Caperucita.

Mientras tanto, Caperucita Roja se había quedado colectando flores, y cuando vio que tenía tantas que ya no podía llevar más, se acordó de su abuelita y se puso en camino. Cuando llegó, se sorprendió al encontrar la puerta abierta, y al entrar a la casa, sintió tan extraño presentimiento que se dijo para sí misma:

–        ¡Oh Dios! ¿Habré hecho bien la escalera de inferencias con el lobo??

Entonces gritó: “¡Buenos días!,” pero no hubo respuesta, así que fue al dormitorio y abrió las cortinas. Allí parecía estar la abuelita con su gorro cubriéndole toda la cara, y con una apariencia muy extraña. “¡Oh, abuelita!” dijo, “¡qué orejas tan grandes que tienes!.” – “Es para oírte mejor, mi niña,” fue la respuesta. “Pero abuelita, ¡qué ojos tan grandes que tienes!.” – “Son para verte mejor, querida.” – “Pero abuelita, ¡qué brazos tan grandes que tienes!.” – “Para abrazarte mejor.” – “¡Y qué boca tan grande que tienes!.” – “Para ……” Y no había terminado de decir lo anterior, cuando de un salto salió de la cama la abuelita con un filete en la boca.

Todavía con el susto en el cuerpo, caperucita cerró un momento los ojos y pensando en su madre dio gracias de que la abuelita estuviera viva. También tuvo unas palabras para su coach.

Después de la comida, el lobo decidió hacer una siesta y se volvió a tirar en la cama, y una vez dormido empezó a roncar fuertemente. Un cazador, que por casualidad pasaba en ese momento por allí, escuchó los fuertes ronquidos y pensó, ¡Cómo ronca esa viejita! Voy a ver si necesita alguna ayuda. Entonces entró al dormitorio, y cuando se acercó a la cama vio al lobo tirado allí.

–        ¡Así que te encuentro aquí, viejo pecador! dijo él. ¡Hacía tiempo que te buscaba!.

Y ya se disponía a disparar su arma contra él, cuando pensó que el lobo podría haber devorado a la viejita y que aún podría ser salvada, por lo que decidió no disparar. En su lugar tomó unas tijeras y cuando iba a empezar a cortar…, vio brillar una gorrita roja, entonces la pequeña Caperucita Roja salió rapidísimo del cuarto, gritando:

–       ¡No!!, no le mates, es nuestro amigo.

–       ¡Es un lobo!- exclamó el cazador- y a los lobos, de toda la vida, hay que matarlos!!

En ese momento Caperucita no estaba para hacer más sesiones de Coaching pero emplazó al cazador para otro día para trabajar con él de dónde le venían esas creencias.

El cazador se marchó enfadado diciendo- Pues mi abuelo mataba a los lobos, mi padre mataba a los lobos y por tanto ¡yo mato a los lobos! Mi abuelo mataba a los lobos, mi padre mataba a los lobos, por tanto yo ¡!…..

Y, es que, claro, para hacer Coaching tiene que haber un compromiso y así no se puede – pensó Caperucita.

Los tres se sintieron felices. El lobo se quedó con el gorrito, y pensó; –   así no tendré que mancharme las garras, iré de caza con el gorrito y mataré a mis piezas de risa- .

La abuelita comió el filete que le trajo el lobo y bebió el vino de Caperucita Roja y se reanimó. Pero Caperucita Roja solamente pensó: “Mientras viva, nunca me retiraré del sendero para internarme en el bosque, estaré atenta a mi observador interno”.

También se dice que otra vez que Caperucita Roja llevaba pasteles a la abuelita, otro “lobo” le habló, y trató de hacer que se saliera del sendero. Pero, bueno, esto ya es otra historia.

Adaptación de Julián Palomo Yuste

–       Herramientas conversacionales

 

Gracias a su autor por la adaptación y por compartirlo, enhorabuena, me gusta mucho!

Gracias a todos lo que hayáis leído el post y espero que os haya servido, un abrazote!!

 

Ana.

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