Contagiar emociones

Hola, hoy quiero hablar de cómo puede ser relativamente fácil que se produzca un cambio en nuestro estado emocional.

¿Has pensado alguna vez en con quién te gusta más pasar tu tiempo? ¿Se trata de personas alegres, positivas, motivadas; o se trata por el contrario de personas que suelen estar tristes e incluso en un papel de víctima que en pocos momentos abandonan?

Supongo que la respuesta es clara para la mayoría de nosotros, y esto se debe al contagio emocional. Los sentimientos van pasando de unos a otros sin que apenas nos demos cuenta de que esto esté ocurriendo, salvo cuando nos paramos a reflexionar y tomamos conciencia, tal vez es en ese mismo instante cuando podemos afirmar que fue tal persona la que nos hizo cambiar el estado inicial en el que nos encontrábamos.

Esto tiene que ver mucho con un proceso de Coaching, ya que como he comentado en alguna ocasión hay dos objetivos, el del final del proceso y el que el coachee (cliente) va marcando en cada una de las sesiones. Pues bien, es bueno tener en cuenta que con las emociones ocurre los mismo, es decir, todas las emociones internas que vamos a sentir durante el día a día, son las que finalmente van a determinar nuestro estado anímico. Por este motivo creo que es interesante hacer un esfuerzo por no dejar que la tristeza se “apodere” de nosotros demasiado tiempo. Ojo con esto que acabo de comentar, ya que tenemos derecho a sentirnos tristes y no debemos ignorar estos sentimientos, ya que tarde o temprano nos pueden sorprender como una bomba que no sabemos por qué está explotando en este momento.

Suelen haber dos tipos de personas: las que nos cargan las pilas habitualmente y las que nos quitan energía. Huelga decir con qué personas preferimos relacionarnos, ya que si podemos contagiarnos de optimismo y pasar un día estupendo, es mucho mejor que pasar un mal día por ser víctimas inocentes de la conversación o el malestar de otras personas. Todo esto, obvio, hay que relativizarlo. Tampoco se trata, creo yo, de dejar de lado a alguien a quien puedes “dar la mano” en un momento en el que lo necesite.

No todas las personas somos igual de sensibles o vulnerables, los que somos de esta manera, nos contagiamos con más facilidad, en cambio, los que no tienen estas características, pueden llevar estas situaciones con mucha más facilidad, sin que les afecten demasiado.

Que no se nos olvide algo importante, del mismo modo que los demás pueden influir en nuestro estado emocional, nosotros también podemos hacerlo. Por mi experiencia como voluntaria en una clínica de desintoxicación y trastornos mentales, hay veces en las que es necesario superar esta barrera e intentar por todos los medios que personas que están pasando por un mal momento, noten todo nuestro afecto y nuestro optimismo.

Por supuesto que esto también ha de ocurrir en las sesiones de Coaching, si no pudiera ser así por cuestiones en las que me encontrara  mal psicológicamente, cancelaría la sesión. Afortunadamente esto no ha ocurrido, pero no sería justo para el cliente o coachee. Ni tampoco para nadie de nuestro entorno (trabajo, familia) que nuestras frustraciones le lleguen.

Como he dicho anteriormente, tomarnos unos minutos para ver qué nos está pasando, qué emociones estamos sintiendo, puede ser de gran ayuda, ya que nos va a poner en conocimiento qué es lo que vamos a transmitir.

 

Un gran abrazo y muchas gracias por dedicarme estos minutos!

 

Ana.

 

 

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